Aprendiendo a Compartir Vol. I

Barca la plata realiza un taller sobre pirateria y p2p

Desde la barca platense se realizo una actividad sobre pirateo y p2p

¿Es peligroso bajarse una película de internet? ¿Hay maneras seguras de hacerlo? ¿Es necesario para no dejar de construir un archivo popular de la cultura que hacemos y que nos hace, en tiempos en que el Estado destruye sistemáticamente nuestras expresiones culturales? Quizá sí.

En esta prueba piloto de nuestro flamante taller de acceso libre a la cultura digital, desde el Partido Interdimensional Pirata platense (PIP-LP) y el Frente Tecno-Disidente (FTD) nos proponemos no solo dar ese debate, sino a demostrar que es posible y accesible.

Además de aprender a usar QBitTorrent para ver películas de manera gratuita, nuestra idea es juntarnos a conversar y compartir nuestras ganas de activar otro internet posible, y descubrir juntxs qué necesidades tenemos en común frente a nuestra vida online.

Venite a La Culturosa este sábado 21 a las 17hs a tener una tarde pirata 🏴‍☠️👾

Texto generado x ia pirata en base a material que se uso en la fehca

Piratear para preservar: una introducción política y práctica a los torrents

Piratear no es solamente descargar una película, un libro o un programa sin pagar. También puede ser una forma de disputar quién tiene derecho a acceder, conservar y compartir la información.

Partimos de una idea sencilla: el conocimiento y la cultura son bienes comunes y no queremos que su existencia dependa exclusivamente de su mercantilización. Las plataformas y servicios centralizados pueden decidir qué permanece disponible, qué desaparece, qué se oculta y quién puede acceder a determinado contenido. Frente a eso, copiar y distribuir también puede funcionar como una forma de archivismo popular: mantener circulando aquello que, de otro modo, podría desaparecer.

Este texto propone entender qué sucede técnicamente cuando descargamos un torrent, cómo funcionan las redes peer-to-peer y qué herramientas y criterios podemos utilizar para hacerlo de manera más segura.

¿De dónde estamos descargando realmente?

Cuando accedemos a información en Internet, no estamos sacándola mágicamente de una especie de “nube”. La información está almacenada en computadoras concretas: servidores, computadoras personales y otros dispositivos que se comunican entre sí mediante distintos protocolos.

Esta distinción es importante porque Internet no es necesariamente una estructura centralizada. Buena parte de su funcionamiento depende de que diferentes computadoras puedan comunicarse directamente.

Los torrents aprovechan precisamente esta posibilidad.

Torrent no es lo mismo que descarga directa

En una descarga tradicional, normalmente nuestro dispositivo se comunica con un servidor y obtiene el archivo desde allí.

El protocolo BitTorrent funciona de otra manera. Es un sistema peer-to-peer (P2P): en lugar de depender de una única computadora que nos entrega todo el archivo, diferentes computadoras pueden intercambiar partes del mismo entre sí.

Podemos imaginarlo como una red de compas.

En una descarga centralizada tenemos, simplificando:

servidor → nosotres

En una red P2P:

compa ↔ compa ↔ compa ↔ compa

Cuando descargamos un torrent, nuestro dispositivo puede recibir distintas partes del archivo desde varias computadoras simultáneamente. Y cuando terminamos de descargarlo, podemos continuar compartiendo esas partes con otras personas.

A esto último se lo conoce como seeding.

Tres cosas distintas: torrent, BitTorrent y gestor

Es habitual que estos términos se mezclen, pero no significan exactamente lo mismo.

BitTorrent es el protocolo: el conjunto de reglas mediante las cuales las computadoras conectadas pueden intercambiar información.

Un torrent es un archivo que contiene información necesaria para organizar ese intercambio.

Y un gestor de torrents es el programa que utilizamos para gestionar las descargas y cargas.

No hace falta utilizar un programa específico para usar BitTorrent. Existen distintos gestores. En el taller recomendamos qBittorrent, entre otras cosas porque es software libre y ofrece herramientas para buscar y gestionar torrents desde la propia aplicación.

¿Por qué usar una red distribuida?

Una de las ventajas fundamentales del intercambio P2P es la distribución.

Si un archivo existe únicamente en un servidor y ese servidor desaparece, el archivo puede dejar de estar disponible. En cambio, cuando muchas personas conservan y comparten copias, la información queda distribuida entre distintos nodos.

Esto convierte a los torrents en una herramienta particularmente interesante para el archivo y la preservación colectiva.

Además, BitTorrent es utilizado mundialmente para distribuir todo tipo de archivos: películas, series, música, software, libros y otros materiales.

La lógica también es colaborativa: cuanto más gente comparte un archivo, más recursos existen para que otras personas puedan descargarlo.

Seeders y leechers

Dentro de una red BitTorrent aparecen dos términos importantes.

El seeder —o sembrador— es quien ya tiene el archivo completo y continúa conectado para compartirlo con otras personas.

El leecher, en cambio, es quien está descargando el archivo y, en determinados usos del término, deja de compartirlo inmediatamente después de terminar.

La cantidad de seeders disponibles suele influir en la velocidad de descarga. Si muchas personas están compartiendo un archivo, existen más fuentes desde las cuales obtener sus diferentes partes.

Por eso, desde una perspectiva comunitaria, hay una regla bastante sencilla:

si descargamos, también compartamos.

La supervivencia de una red distribuida depende de que sus participantes no sean solamente consumidores, sino también nodos que mantienen la información disponible.

¿Qué es un repositorio de torrents?

Los torrents suelen encontrarse mediante sitios que funcionan como índices o repositorios. Estos sitios permiten localizar diferentes cargas y acceder a sus archivos torrent o magnet links.

Uno de los nombres históricamente más conocidos es The Pirate Bay, aunque existen muchos otros repositorios y comunidades especializadas.

Algunos ejemplos mencionados en el taller son:

  • 1337x

  • YTS

  • Nyaa

Cada comunidad tiene sus propias reglas, reputaciones y formas de organización. Por eso, saber descargar no consiste solamente en saber dónde está el botón de descarga.

También implica aprender a reconocer qué comunidad estamos utilizando y cómo funciona.

La seguridad no termina al instalar un gestor

Una parte importante de la autodefensa digital consiste en entender dónde están realmente los riesgos.

En general, el problema no es necesariamente el protocolo BitTorrent ni el archivo .torrent en sí. Un riesgo frecuente se encuentra en los sitios que utilizamos para encontrarlos: publicidad maliciosa, botones falsos de descarga, ventanas emergentes y enlaces diseñados para engañarnos.

Una regla básica es:

no hacer clic en cualquier cosa que parezca un botón de descarga.

Los anuncios maliciosos suelen intentar parecerse a los botones reales y pueden ser deliberadamente más grandes, brillantes o llamativos.

Una herramienta útil para reducir este tipo de riesgos es un bloqueador de anuncios como uBlock Origin, especialmente utilizado junto con Firefox.

También existen navegadores que incorporan mecanismos de bloqueo de publicidad y rastreo.

¿Y si usamos Windows?

El taller recomienda Linux por encima de Windows desde una perspectiva de seguridad.

Entre los motivos se encuentran su modelo de usuarios y permisos y determinadas características de su diseño, que pueden dificultar que un proceso consiga tomar control completo del sistema.

Esto no significa que Linux sea invulnerable. Ningún sistema operativo lo es.

Si utilizamos Windows, conviene evitar la acumulación innecesaria de software de seguridad de dudosa procedencia. Para muchas personas, Windows Defender ofrece una protección suficiente para el uso cotidiano.

También es importante tener presente que los sistemas de seguridad pueden producir falsos positivos. Un programa legítimo puede ser señalado como potencialmente peligroso simplemente por su comportamiento o por la forma en que está distribuido.

La respuesta no debería ser desactivar todas las protecciones, sino aprender a distinguir entre una advertencia razonable y un falso positivo.

La seguridad también es una cuestión de confianza

Existe una dimensión de la seguridad digital que no puede resolverse únicamente instalando programas.

Internet es demasiado grande y diverso como para asumir que podemos verificar personalmente cada archivo que descargamos. En algún momento necesitamos confiar.

Pero la confianza no tiene por qué significar ingenuidad.

Las comunidades digitales construyen mecanismos para establecer reputaciones: usuarios que llevan tiempo participando, comentarios, cantidad de descargas, recomendaciones y sistemas de identificación de usuarios confiables.

En algunas comunidades de torrents existen incluso sistemas gráficos de reputación. The Pirate Bay, por ejemplo, históricamente utilizó calaveras de diferentes colores para distinguir determinados niveles de confianza.

También pueden resultar útiles comunidades donde otras personas comparten experiencias, como megathreads y foros.

La idea es desarrollar una especie de “tener calle” en Internet.

No alcanza con saber utilizar una herramienta. Hay que conocer los lugares donde nos movemos.

Autodefensa digital basada en comunidad

La seguridad suele presentarse como una cuestión individual: instalar un antivirus, utilizar una contraseña fuerte, activar determinada configuración.

Todo eso importa, pero existe otra dimensión.

La seguridad también puede construirse colectivamente.

Aprender qué sitios son confiables, qué comunidades tienen buena reputación, cuáles son sus reglas, quiénes participan y qué prácticas se consideran normales forma parte de una cultura compartida de cuidado.

En lugar de pensar Internet como un espacio completamente anónimo donde tenemos que desconfiar de absolutamente todo, podemos pensar en comunidades que producen confianza mediante prácticas sostenidas.

Eso requiere participación.

La confianza no aparece porque una página tenga un candado o porque un archivo tenga muchas descargas. Se construye históricamente entre personas que comparten información, mantienen archivos disponibles y respetan determinados códigos.

¿Cómo descargar un torrent?

El proceso básico es sencillo.

Primero necesitamos un gestor de torrents, como qBittorrent.

Después buscamos el contenido que queremos descargar en una comunidad o repositorio que conozcamos y en el que confiemos.

Una vez localizado el torrent, hay que prestar atención a su reputación y a la información proporcionada por la comunidad: quién lo subió, cuántas personas lo están compartiendo, comentarios y otros indicadores disponibles.

En muchos casos encontraremos un magnet link, identificado habitualmente por el símbolo de un imán.

Al seleccionarlo, el navegador puede pedirnos permiso para abrir el enlace mediante nuestro gestor de torrents. Una vez aceptado, el programa se encargará de iniciar el intercambio.

Antes de descargar, conviene revisar especialmente la cantidad de seeders y leechers.

Más seeders generalmente significa que existen más fuentes disponibles para descargar el archivo.

Y una vez terminado:

no desaparezcamos de la red inmediatamente.

Dejar el gestor abierto para seguir compartiendo el archivo ayuda a que otras personas puedan descargarlo.

Piratear también puede ser archivar

La discusión sobre piratería suele reducirse rápidamente a una discusión sobre propiedad intelectual, precios o legalidad. Esas discusiones existen y son importantes, pero no agotan el problema.

También podemos preguntarnos:

¿Qué sucede con la cultura cuando solamente existe mientras una empresa decide mantenerla disponible?

Una plataforma puede retirar una película de su catálogo. Una editorial puede dejar de imprimir un libro. Un servicio puede cerrar. Un servidor puede desaparecer.

La copia digital introduce una posibilidad distinta: que las personas puedan conservar y redistribuir aquello que consideran valioso.

Desde esta perspectiva, el torrent no es solamente una herramienta para “bajar cosas”. Es una infraestructura de distribución.

Y cuando miles de personas mantienen copias de un mismo archivo, producen colectivamente una forma de archivo descentralizado.

No es un archivo institucional. No depende necesariamente de una biblioteca, una empresa o un Estado.

Es un archivo sostenido por sus participantes.

Compartir es mantener vivo el archivo

Las redes P2P funcionan mejor cuando quienes participan en ellas también aportan.

Descargar sin compartir convierte la red en un servicio de consumo. Descargar y seedear, en cambio, la convierte en una práctica colaborativa.

Por eso podemos pensar la piratería no solamente desde la figura de quien “roba” una copia, sino también desde la figura de quien mantiene una copia disponible para otra persona.

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la forma de entender la tecnología.

La pregunta deja de ser únicamente:

“¿Cómo consigo este archivo?”

y pasa a ser:

“¿Cómo hacemos para que este archivo siga existiendo y pueda ser encontrado por alguien más?”

Ahí aparece la dimensión política del torrent.

No se trata solamente de consumir información. Se trata de hacerla circular, conservarla y participar de una infraestructura común.

Y, como ocurre con cualquier infraestructura comunitaria, mantenerla viva depende de que quienes la utilizan también estén dispuestes a sostenerla.

Descargar. Compartir. Archivar. Repetir.